Me pasa aire,
y follamos,
follamos sobre esa gris
dama con verde acento
y rocoso pelo.
A veces no pasa el tiempo,
otras sin embargo vuela,
qué tienen las rimas
de estas colinas que no
siempre están dispuestas a brotar
sobre mi?
Dónde acaban tus
saltos sobre mi castigo?
acaso acaban?
o solo es miedo lo
que siento.
Y follamos,
follamos estando
la muerte mirando;
yo se que espera a que
haga etéreos pactos
para adquirir mi alma,
pero puedo ser
buen aprendiz.
Ahora la noche
está durmiendo sobre
nosotros,
y deliramos,
el bolígrafo vuelve a bailar;
salen a rebatir
las escenas después del orgasmo:
allí afuera huelo algo,
algo frío.
No siempre soy
capaz de engañar a la tentación,
aunque de vez en cuando
suelo ser digno de mi sombra
y consigo desterrarla,
a algún lugar lejano,
tan lejano como cierto.
-Sigue escribiendo,
susurra,
pues aún no
he ganado la guerra
contra el insomnio;
espalda palpitante,
un pedazo de piedad
en un mundo donde
el vino es sangre
y el pan es carne,
en un mundo donde
los sordos escriben canciones.
Pero la historia es justa
-normalmente-,
el tiempo es cada vez más pesado
a medida que pasa,
pero es honrado.
Debemos seguir amaneciendo
a las dos de la mañana,
debemos seguir escribiendo,
y follamos.
Aun recuerdo,
de hecho, puedo
seguir divagando
incluso aunque se apague la luz.
Y soy de piedra
si solo escucho tierra seca
dentro de mi,
y escribe,
dentro de lo que cabe
y solamente lo que
su cabeza sabe.
Puedo sentirlo,
dentro de dos ocasos
volverán a reunirse los
hijos de la arcilla bajo la luna:
temida por unos,
querida por los otros,
amada por todos.
Y follamos.