Seré sincero compañero,
probé los manjares del diablo
en los cuartos del pecado donde ella
se levantaba con la resina de la resaca
rompiendo su espíritu de rocío;
volé hacia los pasajes de
lenguas ajenas que nunca sabré si
un día llegaron a entenderme,
en los pasillos con un dedo de polvo
y mugre manchando las moquetas
del destierro,
en las colinas donde los faros
de la ciudad iluminaban entre
risas y malentendidos que no tenían
importancia;
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