Historias del cronos.
No había nada más que perder
la noche en la que fui hallado
muerto en las aceras del número 4 de Senghennydd road,
esa noche los borrones de cuenta nueva
se marcharon mientras se sumían en ceniza;
esa noche el susurro
serenó al silencio,
se sumió el silbido en el salón
del secadero y las ausencias
quedaron Atrás;
esa noche el hombre
del saco entonó sonata y sueño,
esa noche la sirena dejó
de arpegiar suspiros,
los tejados no insinuaron...
Alguien dijo que fue un
suicidio, una caída sin freno,
por otras partes de la ciudad
se decía que la dosis fue letal,
-pero bueno,
No todo el mundo se creyó mi muerte-
El juez no dictó,
simplemente se dispuso a escuchar.
Puedo recordar el peso de mi cadáver
mientras el frío asfalto me besaba el cuello,
las últimas imágenes antes la bajada del telón,
el pasillo hacia la calle de las palomas;
puedo recordar a las hambrientas
gaviotas volviendo a mirarme,
la eterna voz rodeando mi cuerpo,
la risa producida durante los últimos achaques;
y se acabó...
No volvió a asomarse nunca más,
No compensaba seguir así.
No hay comentarios:
Publicar un comentario