La pared, he ahí,
brillando de ese color que
no soy capaz de describir.
Todo está en calma,
descansa el alfil...
Aquí me hallo,
mientras oigo tan solo
al reloj,
calmando vientre a vientre
delante de la pared:
es un desierto,
es un mundo llano y frío,
envuelto entre lágrimas.
Todo el mundo odia las paredes.
y
a
h
o
r
a
hora perdida de la noche,
último confín -no muy tarde-
se desprende de la retina...
La culpa es de la pared.
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