No sé cómo explicarlo.
Ya no sube a la montaña.
Se ha perdido
Y tú,
oh, su excelentísima soledad,
juegas a agarrar mi mano
para volver a verme aun cuando
tu recuerdo es lejano y débil.
Pero son las cuentas pendientes.
El latido que te di
por las líneas que brindaste
en aquel vacío folio que, sin ti,
no tenía a quien anhelar.
Dicen que el tiempo
es para los valientes,
pero no,
es tu trato lo que
emblema a la democracia más estricta,
pues habitas en todos,
pero en algún momento
solo vienes a verme a mi.
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