miércoles, 12 de abril de 2017

No sé cómo explicarlo.

Ya no sube a la montaña.

Se ha perdido
Y tú,
oh, su excelentísima soledad,
juegas a agarrar mi mano
para volver a verme aun cuando
tu recuerdo es lejano y débil.

Pero son las cuentas pendientes.

El latido que te di
por las líneas que brindaste
en aquel vacío folio que, sin ti,
no tenía a quien anhelar.

Dicen que el tiempo
es para los valientes,
pero no,

es tu trato lo que
emblema a la democracia más estricta,
pues habitas en todos,
pero en algún momento
solo vienes a verme a mi.


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