lunes, 24 de julio de 2017

25/7/2017

Agosto es inminente.
Siguen ardientes los campos
a las cuatro de la tarde.

Por aquí no hay noticias,
sólo recuerdos,
sólo algún anhelo,
sólo lo de siempre.

Estoy delante del folio
semblante, maniatado,
no tengo más tarea ahora que se fue.

Estoy desnudo ante el verso.

Con la piel viva estrujada contra la prosa.

Con el tintero saltando al vacío.


Tan solo ese silencio ensordecedor.

domingo, 23 de julio de 2017

"Perdón por la tristeza"

No son más que atardeceres, breves atardeceres que no tardan demasiado en convertirse en eternas noches. Cuando el silencio se posa en su trono y empieza a reinar en la oscuridad, cuando aun se sienten los últimos resquicios del sol y mi alma está fría: fría y tenue tras una invisible capa de acero que, ensimismada,  se niega a abrirse. Hace demasiado que el viento ni siquiera se digna a traer noticias, no se atreve  a recibirnos, y eso hace que inútilmente gocemos de cierta tranquilidad. Aunque camine entre los edificios de la civilización moderna solo puedo ver ruinas. Mi caos solo permite vislumbrar escombros, cementerios de hormigón que creen saber que el futuro que se me ha otorgado se viste de gris como el invierno. Soy incapaz de distinguir el frondoso camino entre el veredicto de las llanuras (ya no se muestran como antes) y mi mirada,  se pierde en la lejanía de un horizonte que se fue pasadas las 11 de la noche. No hay nada. Aun puedo escuchar a las voces del bosque entonar su melodía a medida que van cayendo las hojas de la arboleda. Puedo palpar la alambrada que irremediablemente se va a adueñando de nuestras ilusiones. Quizás ya no escuche el respirar de la granja. Quizás sea demasiado tarde para volver. Y me derramo. Me derramo por la tierra sin poner resistencia alguna. Me vierto en la carcasa que meses llevo creando concienzudamente para conseguir el hermetismo que me lleve a la siguiente revelación. Y me convierto en descreimiento, pues mis palabras ya no sanan y mis labios adquieren la piel del secarral. Me transformo en una estatua picoteada, un trozo de arena amoldado bajo una forma al azar, un espejismo de vida que no es consciente de que buscó a los dioses con el único propósito de poder echarles la culpa: un colmo de desesperación ansioso por salir. Cada día será lo mismo, cada día volverá esa mano a agarrarme del pecho mientras levanta mi triste existencia. Levitaré colgante mientras medio muerto espero su cesar. No volveré a dormir, más eso es algo que asumí hace demasiado tiempo. No me importa, he vivido en un conjunto de sueños a los que en ningún momento me he dispuesto a rendir cuentas. He sido un animal que durante un largo tiempo confió en el poder de sus delirios. Hoy me encuentro diáfano y no creo en leyes que me ayuden, hoy dejé de lado a las personas, hoy solo soy el manto que cubre mis esperanzas. Aunque confuso, confieso que quizás solo sea otra etapa.