Porqué el desmayo mental
si sobre tus almenas diviso, exhausto y silencioso,
el obrar que a tus calles impones.
Por qué tus aceras son arrugas y las ambulancias pájaros?
Ya no sé en qué parte del papel habitas
o si realmente asumo que vivo en ti,
ya no sé cuanto ni hasta cuando me reclamas
o si el asco que nos propiciamos se debe al interés.
Yo tan solo sé que en la plaza no albergo esperas,
que los poemas que escribo los crea tu aburrimiento,
que creo que me estás haciendo de nuevo en un doloroso
proceso,
e incluso el monte que te rodea ha pedido mi destierro.
Que decir si ciego de tus callejones me proclamo
por el rostro que tan oscuro proyectas aun siendo de día.
Dices que me mira un Dios que no se atreve a bajar la
colina
porque la urbe que le adora se fragua en la pobreza.
Me recuerdas a la muerte,
me hueles a la muerte y, quizás por eso, te odie a ratos,
pero no te subas demasiado, no cantes victoria:
a ti puedo vencerte.
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