Petricor, pasa por el marco de la ventana,
inunda mis poros y
dame esperanzas
antes del prófugo sueño encabritado
y carente de inspiración.
No hay problema,
afortunada la mente que disfruta del baile de la
creatividad
mientras está despierta,
bendecidas serán sus manos con la ausencia de un dios.
Y es el aroma de la lluvia
el único perfume capaz de transportarme hasta la
habitación
con puerta al jardín.
Solo su aliento puede poner en mis ojos
los cristales por
los que patinan las gotas,
pared con pared, hacia el salón de la eternidad.
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