No quiero ver las estrellas.
Aquí me encuentro, tirado
en la cama, escribiendo una fracción
del tiempo; no me apetece fumar,
no me apetece leer,
de la tele mejor ni hablo, del
amor casi que tampoco, pues daría
lo que fuera por volver a estar enamorado.
El móvil marca los treinta y dos
grados, en calor se resume el
agobio de estar aquí estampado
sin hacer nada,
sin pensar en nada y a la vez
dándole vueltas a todo, recogiendo
pensamientos, recuerdos,
planes del futuro, esperanzas,
experiencias, desamparos
en un suelo que no se si debo de
pisar todavía.
Riego a mi viejo
compañero el folio de una poesía
que gusta a algunos, que
rechazan otros y que desconocen muchos.
¿Dónde estará el sueño?
necesito dormir, a pesar de que
siempre me pareció una manera
bastante idiota
y muy sobrevalorada de quemar
los minutos, mas es necesario,
es obligado, lo dicen los médicos
y lo dice mi cuerpo, de los
cuales,
de ambos desconfío,
de ambos me río.
Pero bueno... otros quince
minutos -más o menos-
que se han ido con la
fabricación de lo anteriormente escrito,
no quiero abrir la ventana,
no quiero ver las estrellas,
esta noche no,
puede que otra quizás,
¿de qué servirá verlas esta noche
si no las podré tocar...?
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