A las gotas que caen
por los hambrientos tejados de
hierro y ladrillo,
al golpeado suelo que se envuelve
de no tener rendijas para
explicarle
que perdimos luna,
que perdí a la luna,
que me arrastré por la lluvia
de los olvidados,
del páramo menester de quienes creen
en esas palabras,
en esas historias,
en la puerta giratoria de sus dedos,
en vida y en muerte,
volvimos a delirar con los polvos
de la arena del parque.
Sin embargo,
nada volvió a ser como antes
y empecé a suponer cuál era el
verdadero valor del tiempo,
el verde de aquella escala
de colores,
los corazones pintados en los
pechos de la derrota;
yacía el último guerrero
de mi linaje tiritando en su cama,
-supongo que ayer volvió a llegar
a las cuatro de la mañana a casa,
supongo que sus sueños eran lo
único que le animaba a seguir.-,
pues de amor había caído,
de vicio había sido testigo y cómplice,
de despedidas se llenaba el álbum de fotos.
A las pestañas que
apuntaron para los otros lados,
a los pájaros sin previo ni aviso,
sin miedo al movimiento de sus pies,
al callejón donde empecé a rogar
que nunca más te fueras,
que enmendases más aun la mentira,
llanto de sangre
en escaleras de ceniza y cuento,
caen las hojas de su último minuto
y los restos de los delirios se agrupan
en los tejados encharcados de huellas,
algún gruñido acecha la noche,
y se oye llorar a quien nunca ha llorado,
se oye volar a quien nunca vuela,
entonces,
cuál es la trampa?
cuál es el truco?
o por lo menos,
a dónde nos lleva?