domingo, 1 de febrero de 2015

Memorias del parque

A las gotas que caen
por los hambrientos tejados de
hierro y ladrillo,
al golpeado suelo que se envuelve
de no tener rendijas para
explicarle

que perdimos luna,
que perdí a la luna,
que me arrastré por la lluvia
de los olvidados,
del páramo menester de quienes creen
en esas palabras,

en esas historias,
en la puerta giratoria de sus dedos,
en vida y en muerte,
volvimos a delirar con los polvos
de la arena del parque.

Sin embargo,
nada volvió a ser como antes
y empecé a suponer cuál era el
verdadero valor del tiempo,
el verde de aquella escala
de colores,
los corazones pintados en los
pechos de la derrota;

yacía el último guerrero
de mi linaje tiritando en su cama,
-supongo que ayer volvió a llegar
a las cuatro de la mañana a casa,
supongo que sus sueños eran lo
único que le animaba a seguir.-,
pues de amor había caído,
de vicio había sido testigo y cómplice,
de despedidas se llenaba el álbum de fotos.

A las pestañas que
apuntaron para los otros lados,
a los pájaros sin previo ni aviso,
sin miedo al movimiento de sus pies,
al callejón donde empecé a rogar
que nunca más te fueras,
que enmendases más aun la mentira,

llanto de sangre
en escaleras de ceniza y cuento,
caen las hojas de su último minuto
y los restos de los delirios se agrupan
en los tejados encharcados de huellas,

algún gruñido acecha la noche,
y se oye llorar a quien nunca ha llorado,
se oye volar a quien nunca vuela,

entonces,
cuál es la trampa?

cuál es el truco?

o por lo menos,

a dónde nos lleva?


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