Y mírala;
las ojeras que me lleva,
con la lágrima siempre al borde del precipicio,
ha perdido todos sus principios,
ahora se junta con cualquiera.
Lo que nunca la he dicho;
es que luce las ojeras más bonitas que he visto,
que cambiaría sus lágrimas por sonrisas,
que su precipicio tiene las más bonitas vistas,
y que su cariño vale más que cualquier vicio.
Y de un tiempo a esta parte;
entierro el hacha de guerra,
paso la pipa de la paz,
pinto de blanco mi bandera,
me rindo de la forma más veraz.
Clau Cristóbal
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