Alguien lo llamó poesía. En algún
lugar muy lejano y antiguo en el tiempo alguien decidió guardarlo,
resumirlo, atrapar su esencia en una breve pronunciación: poesía. Nos hace ser
la distinción en nuestro mundo. La representación más leal de nuestro ser y
esencia, de nuestro conflicto interno e innato. La cristalización de nuestra
existencia en poco más de dos fonemas. La forma que adquiere nuestra humanidad
más desgarradora y hedonista a la vez. La suma de las diferencias y de las
interpretaciones que habitan en nuestro cráneo. El alumbramiento en bruto sobre
el papel embadurnado. Hecha desde la hermandad, piedra común de civilización en
civilización, superviviente de la vejez y del tiempo que hemos creado, pero
solo hasta nuestros propios limites.
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