Me dijo cuenta ovejas,
aunque mejor que cuenten ellas.
No soy capaz de escribir
que está pasando en mis adentros,
vivo en un tictac que picotea
en el constante rencor que hacen los grilletes.
Qué sabrán las ovejas de cómo rezumo
si jamás probaron de la hierba de mi prado.
Y sí, es posible que,
entre las cuerdas del solfeo,
respire un instante en la eterna tranquilidad
que un día prometí.
Pero si ese tambor es sincero
entonces, por qué no anuncia el fin del periodo?
Por qué ese desierto en el que solo puedo creerme un
error,
una errata en un libro de colegio?
Deja que arda mi piel
hasta se rompa escamosa ahogada en la destrucción,
que al menos algo de luz entre por esos destrozos.
Deja que arda mi piel,
mientras el palacio se derrumba
quedará la alegría de los últimos momento.
Si no es una guerra lo que habita en mi
entonces me he equivocado de paz.
Si el arte no palia me he equivocado
en la manera de sobrellevar el tiempo
Puedes dejarme caer
arañaré hasta el último centímetro del desfiladero
condéname a morir
y me iré lejos para olvidarme.
Si solo somos eso que hemos construido,
los momentos que hemos arrojado a nuestro orbe.
quizás el olvido sea lo que menos duela.
Hazme saber el precio
si eres capaz de ponérselo a todo cuánto percibes,
dímelo una sola vez
y me convertiré en un fantasma,
y eso seré: una sombra en tu presente
un pasado de diario abandonado,
un alfil enterrado en el
tablero.
Más contenido proximamente
JY

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