El alcohol
nos cambia
la cara,
nos da
fuerzas y largas
risas
mientras nos
pudre poco a
poco
por dentro,
nos da el don
para
improvisar la
mejor filosofía
barata,
nos matan
dosis de valor,
pequeños
chupitos nos
engrandecen.
El humo nos
relaja,
nos infecta
los pulmones
y los llena
de mierda
pero
recompensa por
las suaves
caídas de los
párpados
somnolientos
que encierran
a las
pupilas dilatadas;
nos abre la
mente,
nos cierra la
traquea.
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