viernes, 4 de julio de 2014

Efecto nocturno.

El alcohol nos cambia
la cara,
nos da fuerzas y largas
risas mientras nos
pudre poco a poco
por dentro,
nos da el don para
improvisar la mejor filosofía
barata,
nos matan dosis de valor,
pequeños chupitos nos
engrandecen.

El humo nos relaja,
nos infecta los pulmones
y los llena de mierda
pero recompensa por
las suaves caídas de los
párpados somnolientos
que encierran a las
 pupilas dilatadas;
nos abre la mente,

nos cierra la traquea.

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